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viernes, diciembre 05, 2008

Las mujeres del año


EL PAÍS SEMANAL rinde homenaje en su último número a los 100 personajes que consideran protagonistas del año 2008, en los diversos campos de la creación, los deportes, las artes, la política, la ciudadanía, la investigación y la ciencia.
Todos los comentarios sobre estas personas están redactados por otras personas de la misma relevancia. Entre todos suman doscientos hombres y mujeres con un papel importante en nuestra sociedad. Hombres y mujeres. En todos los campos. En algunos en particular, la magnitud de la presencia femenina hubiera sido impensable hace tan solo unas décadas. Me llama la atención especialmente el caso de los/las investigadores/as y pioneros/as. Estas son las siete mujeres que aparecen en esta sección del reportaje:

Miryam Seco
Aventura en Egipto
Su especialidad es la egiptología. Esta arqueóloga sevillana dirige este año la excavación del templo del faraón Tutmosis III y la investigación de un pecio del siglo V antes de Cristo.

Rocío Gonzalez Torres
Romper el sonido
Alférez del Ejército de Aire español, ha sido la número uno de su promoción como piloto de caza. Una mujer que ha superado barreras.

María Blasco
'Madre' del ratón longevo
Con 43 años, esta bióloga molecular es una eminencia en la investigación internacional contra el cáncer y el envejecimiento.

Astrid Vargas
Querer a los linces
Esta bióloga, directora del programa de cría de linces en cautividad de Doñana, ha logrado espectaculares avances en su supervivencia.

Elena Madrazo
Una española en Níger
La embajadora de España en Níger representa una nueva imagen de la diplomacia española,que se feminiza y amplía su red en África.

Anna Veiga
Milagro en la probeta
Dirigió el equipo que logró el primer bebé probeta español. Es bióloga y coordinadora del Registro Europeo de Células Madre Embrionarias.

María Dominguez
Talento Genético
Genetista, ha ganado el Premio Francisco Cobos por sus descubrimientos de nuevos mecanismos de desarrollo del cáncer.

Podéis leer el reportaje completo clickando en el enlace inicial. Es sumamente interesante, tanto por las personas que se mencionan como por las que escriben. Y un orgullo para todos y todas, repito, la significativa presencia femenina.

lunes, marzo 17, 2008

Las mujeres en las Conferencias Solvay

Los Congresos Solvay (también llamados Conferencias Solvay) son una serie de conferencias científicas que se vienen celebrando desde 1911. En sus primeras ediciones lograron reunir a los científicos más relevantes de la época y supusieron grandes avances en la mecánica cuántica, la estructura atómica y la física nuclear entre otros aspectos de la física.

Se organizaban gracias al mecenazgo de Ernest Solvay, químico e industrial belga que hizo una gran fortuna gracias a su patente para la producción de sosa, y a la obtención industrial del carbonato de sodio mediante el llamado proceso Solvay. Parte de dicha fortuna la destinó a obras filantrópicas y a la organización de estas conferencias que se suceden cada tres años. La 23ª Conferencia Solvay tuvo lugar en Bruselas durante el 1-3 de diciembre de 2005, sobre el tema: "La Estructura Cuántica de Espacio y Tiempo".

En las primeras ediciones se repiten siempre los nombres de todos los creadores de la física moderna: Bohr, Sommerfeld, de Broglie, Lorentz, Rutherford,…y una única mujer: MARIE CURIE.

5ª Conferencia de Solvay en 1927

En 1927 se celebró la 5ª conferencia, la más famosa de todas, de la que incluso se grabó un video por parte de uno de los asistentes, que reunió a los más famosos físicos del mundo, y en la que se establecieron las bases de la mecánica cuántica, cambiando con ella la manera de entender la naturaleza. Como en las cuatro anteriores, en ésta sólo había una mujer: MARIE CURIE.

No sería hasta la séptima conferencia, que tuvo lugar en 1933 y que versó sobre “la estructura del núcleo atómico”, en la que aparecieran tres mujeres: MARIE CURIE, IRENE JOLIOT-CURIE y LISE MEITNER.

7ª Conferencia de Solvay en 1933

El departamento de Física y Química del centro ofreció al alumnado de 3º de ESO y 4º A de ESO la posibilidad de estudiar, de manera voluntaria, la biografía de estas grandes mujeres junto con las de María Goeppert Mayer y Dorothy Crowfoot con motivo de la celebración del día 8 de marzo. Hoy presentamos los trabajos relativos a estas tres mujeres presentes en las conferencias de Solvay y por ello agradecemos su esfuerzo a:

· Alberto García, Antonio M. Pino, Manuel Martínez, Pedro J. Cosano, Vicente García, Pablo Domínguez, Rafael Gómez, Ana Cobacho, Miriam Oliva y Susana González de 3º de ESO A.

· Edagar Arana, José M. Pérez, Eduardo Lozano, Lucía Rodríguez, Noemí Rodríguez, Ivan Domínguez y Cristian Baidal de 4º de ESO A.

Todos sus trabajos se publicarán oportunamente en la plataforma del centro y expondremos aquí sólo algunos de ellos como testimonio de lo que estas tres mujeres han supuesto para la ciencia en general y para la Física y la Química en particular.

  • MARIE CURIE, por Alberto García y Antonio M. Pino, de 3º ESO A, que dan una extraordinaria visión de la científica como persona, de todas las penalidades que tuvo que padecer y otra visión más rápida ofrecida por Edgar Arana de 4º de ESO A.



  • IRENE JOLIOT-CURIE, relizado por Rafael Gómez y Pablo Domínguez, de 3º de ESO A


  • LISE MEITNER, realizado por Miriam Oliva y Susana González, de 3º de ESO A


No cabe duda de que estas tres grandes científicas supieron luchar, tal como hemos visto, por crearse su espacio en la comunidad científica que les tocó vivir, no sin grandes problemas, viéndose recompensadas con el reconocimiento internacional y el Premio Nobel en los casos de Marie Curie y de su hija Irene Joliot Curie, no llegando a ser así en el de Lise Meitner, cuya condición de mujer y de judía la relegó del merecido galardón.
Fueron grandes pioneras en un campo difícil para la mujer, la CIENCIA; pero abrieron el camino para que otras, con posterioridad, siguieran su ejemplo.

viernes, enero 12, 2007

Personajes femeninos en la literatura: Las heroínas de la novela galante

En la entrada anterior, en la que hablábamos de las adúlteras, decíamos que en la literatura y en la vida real no todas fueron desgraciadas. Es más, en la literatura galante, y sobre todo en la francesa del siglo XVIII, son más numerosos los casos de libertinas -mejor llamarlas así en este caso- felices e incluso admiradas.
¿Qué las diferencia de las anteriores? ¿Qué había que hacer para no ser lapidadas con las piedras de la maledicencia, la deshonra, la marginación de la sociedad? Muy sencillo: primero, había que ser noble y rica. Pero no es suficiente. Anna Karenina lo era. Segundo, no enamorarse profundamente, poder estar en situación de abandonar la relación si esta amenazaba con causar problemas. Tercero: que nadie se enterara, al menos "oficialmente". Aunque todo el mundo lo supiera, jamás se debía mostrar nada en público.
Había que ser, entonces, rica en una sociedad de ricos, hipócrita en una sociedad hipócrita. Seguir las reglas del juego. Y aquí presentamos dos novelas que son perfectos ejemplos de ello:

La primera, no la mejor sino la más conocida de las dos, fue escrita por Pierre Ambroise Choderlos de Laclos, (Amiens, 18 de octubre de 1741 – Tarento, 5 de septiembre de 1803) escritor y oficial militar francés:
Las amistades peligrosas es su más famosa novela. Narra el duelo perverso y libertino de dos miembros de la nobleza francesa a finales del siglo XVIII. Es una de las obras maestras de la literatura galante del siglo XVIII, que describe las intrigas de la aristocracia.
La Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, que en otro tiempo llegaron a ser amantes, se aprovechan del mejor modo que pueden de la sociedad puritana y privilegiada en la que viven. Estos dos personajes depravados no dejan de enviarse cartas a lo largo de toda la historia que se narra en el libro en las que se cuentan sus hazañas, que constituyen la trama de la historia. Sin embargo, a pesar de ser rivales, no están en igualdad. El vizconde de Valmont, por su condición de hombre, puede hacer alarde de su condición de libertino y gozar incluso por ello de una cierta reputación. Las cartas que dirige a la marquesa de Merteuil sólo son el relato de sus aventuras.
Pero no sucede lo mismo con esta. Aunque rival del vizconde en cuanto a aventuras de alcoba, la marquesa de Merteuil, además, está obligada a disimular. Su rango social (es marquesa), matrimonial (es viuda) y su sexo (es mujer en un mundo dominado por los hombres) obliga a que se comporte con doblez. Es cierto que el vizconde también usa estas armas, pero es para seducir primero y luego hacer que se pierdan, al haber sido deshonradas, a las mujeres que conquista. Sólo sigue su inclinación natural, que lo único que transgrede es la moral de su época.

Andréa de Nerciat fue un aventurero mundano, cosmopolita, sensible, culto y, sobre todo, apasionado por la vida. Nació en la Borgoña francesa en 1739 y viajó mucho por Europa.
En una de sus novelas, Felicia, un padre, como despedida, dice estas palabras a su hija. Son lo suficientemente expresivas como para no precisar de comentario alguno:
"Al abrigo de la indigencia, con una bella figura, ingenio y talento, te veo bien dirigida hacia la carrera de la felicidad: sólo a ti se deberá mantenerte en ella. Los hombres te adorarán. Hay muchos que te parecerán dignos de ser amados, pero trata de no apasionarte con ninguno. El amor perfecto es una quimera. La amistad, que es eterna, y el deseo, que es momentáneo, son cosas reales. El amor es una y otro, reunidos en un corazón con la misma finalidad, pero no quieren estar atados. En general el deseo es inconstante y se extingue cuando no cambia de objeto. Si se intenta retenerlo, encenderlo de nuevo, la amistad no puede por menos que sufrir. El deseo es el fruto que hay que cosechar cuando madura. Si cae del árbol es imposible volver a sujetarlo a él. Defiéndete de los sentimientos maniqueos; te harán, con seguridad desgraciada. Vive perezosamente, en un círculo de placeres tranquilos que harán hacer un lujo moderado, las artes y los gustos recíprocos, que podrás satisfacer libremente. (...)
Elige bien y no te comprometas nunca hasta el punto de tener más penas que placeres. No llegues al hastío y cuídate de las ilusiones halagadoras, ya que en la galantería para no ser desgraciada o infeliz hay que dejarse engañar o engañar a los demás; no profundices jamás en lo que pudiera causarte preocupaciones y guarda atinadamente las apariencias ante los ojos de aquellos a los que la brusquedad de tus cambios pudieran causar dolor".

(Gracias a Amador por la noticia sobre esta segunda novela)


domingo, enero 07, 2007

Personajes femeninos en la literatura: Las adúlteras


Un médico, Charles Bovary, se casa con una viuda rica ya que su madre se lo pide, esta se muere y conoce a una bella campesina, Emma. Se casan y tiene una hija llamada Berta. Emma se aburre pronto de él y se convierte en la amante de un rico hacendado.
Cuando éste la rechaza, Emma tiene un romance con un asistente legal. Su esposo no sabe nada de sus aventuras amorosas. Tampoco sabe que el derroche y los caprichos de Emma le han llevado a la bancarrota.
Emma Bovary llegará al suicidio tras haber intentado en vano aplacar sus anhelos en la entrega desenfrenada a los dos adulterios que no hicieron sino acentuar su malestar e incapacitarla para llevar las riendas de su vida.
Charles queda deshecho por la noticia. Encuentra las cartas de Emma y muere poco después, dejando huérfana a la hija.
Ana Karenina fue una dama de la alta sociedad rusa, casada con un funcionario. En la estación del ferrocarril, con motivo de un viaje, Ana conoce al conde Wronsky, el cual le atrajo desde el primer instante. Él quedó también perdidamente enamorado de ella y no tardó en declararle sus sentimientos. La pasión de ambos no tuvo freno, y el marido no tardó en enterarse. Tiempo después Ana quedó embarazada de Wronsky y esto la sumió en una profunda depresión. El conde, al ver su estado de angustia, le propuso un plan de fuga, pero Ana lo rechazó. Meses después Ana dio a luz a una hermosa niña. El parto fue sumamente difícil y Ana, en peligro de muerte, pidió perdón a su esposo. Después de mejorarse Ana, Wronsky, ella y la niña se fueron de viaje al extranjero y vivieron una temporada en Italia. Algunos meses después regresaron a Rusia y se instalaron en el campo. Durante esa época las preocupaciones de Ana y Wronsky sobre su estado social y legal fueron en aumento. Esperaban que el marido de Ana le concediera el divorcio, pero Ana cayó en una profunda crisis neurótica que sus continuos celos agravaban. El amor desenfrenado que Ana sentía por Wronsky se convirtió en una obsesión enfermiza.
El final fue también trágico: Wronsky tuvo que hacer un viaje para ver a su madre y ella imaginó que iba a visitar a otra mujer.
Anna decidió ir a la casa de la vieja condesa para confirmar sus sospechas, que no tenían base alguna. Abrumada por su obsesión y profundamente deprimida, se arrojó a las vías del tren. Wronsky no logró superar el dolor que le causó la muerte de la mujer que amaba.

Se dice que Gustave Flaubert, a través del personaje de Madame Bovary, rompe con todas las convenciones morales y literarias de la burguesía del siglo XIX, tal vez porque nadie antes se había atrevido a presentar un prototipo de heroína de ficción rebelde y tan poco resignada al destino. Pero esa rebeldía tiene un final trágico. Aunque queramos identificarnos con ella, lo que ya es difícil dado el carácter cuando menos inestable de Emma, pocas mujeres podían animarse a seguir su ejemplo y reclamar su derecho a una relación libremente elegida y basada en la pasión. La pasión, ese sentimiento tan peligroso en una mujer, que no solo conduce a su autodestrucción, sino que afecta también a los que la rodean.
¿Qué pretendía Lev Tolstoi al crear el personaje de Ana Karenina? Da igual que sintamos pena o simpatía por la adúltera: terminará mal, su marido y sus hijos serán desgraciados. Las adúlteras, además, son neuróticas: están condenadas por adelantado al infortunio, ya comienzan siendo anormales.
Sin embargo, en la sociedad del siglo XIX había muchas adúlteras reales. De cómo sobrevivieron, y vivieron, muchas veces felices y admiradas, hablaremos en otra entrada.

sábado, diciembre 02, 2006

Personajes femeninos en la literatura: el dolor de la miseria


Mujer con alcuza

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.
Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro, por una voluntad
de esquivar algo horrible.
Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes [...]

Dámaso Alonso, poeta y filólogo, nacido en 1898.



Era alta y un poco encorvada; su cuerpo, roto por un trabajo incesante y los malos tratos de su marido, se movía sin ruido, ligeramente ladeado, como si temiera tropezar con algo. El ancho rostro surcado de arrugas, un poco hinchado, se iluminaba con dos ojos oscuros, tristes e inquietos como los de la mayoría de las mujeres del barrio. Una profunda cicatriz levantaba levemente la ceja derecha, y parecía que también la oreja de ese lado era más alta que la otra; tenía el aire de tender siempre un oído alerta. Las canas contrastaban con el espeso pelo negro. Era toda dulzura, tristeza, resignación...

(Máximo Gorki está considerado como el iniciador de la escuela soviética del “realismo socialista”. De origen muy humilde fue un claro ejemplo de formación autodidacta. Describe con crudeza la miseria y el sufrimiento de las clases bajas de la Rusia de los Zares).

Dos textos retratan sin paliativos una constante social y literaria: la mujer explotada, agotada a los 40, cuando gracias a cualquier divinidad o a este precario estado del bienestar todavía las mujeres a esa edad somos jóvenes y atractivas. Durante mucho tiempo, la mujer ha sido relegada, y se ha relegado a sí misma, a un único papel ajeno a su persona: hija, hermana, esposa, madre. Como madre, tía, abuela, etc., solo les quedaba el trabajo, la resignación. A una edad en la que el hombre era todavía el seductor, o si no tenía posibles físicos, el comprador de sexo, tácita o explícitamente, la mujer ya estaba derrotada. Por la miseria, por el trabajo, por la educación en el sacrificio, por la sumisión, por la negación tradicional de sus apetitos sexuales, su única misión ya en esta tierra era el papel de esclava. Por cada segundo de servidumbre que soportaba el hombre, más continuo era el de la mujer. Para ella no había desahogo, ni en los burdeles, ni en las tabernas. La pobreza caía sobre ella y sobre sus hijos, como una losa. Así sigue ocurriendo en muchos lugares del mundo, hoy en día. La mujer, a partir de los 40, en la literatura y en las clases sociales más bajas, ha sido casi siempre una víctima. Y una víctima que jamás parece lamentarse de su suerte: "era toda dulzura, tristeza, resignación...". Esta frase es casi una constante, es la realidad pero es también lo que se espera de estas mujeres, viejas y doloridas.
(Pinchando en los títulos podéis leer los textos completos)

miércoles, noviembre 22, 2006

Personajes femeninos en la literatura: La heroína romántica II

Las mujeres en las rimas de Bécquer

-Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
-No es a ti; no.
-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
-No; no es a ti.
-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
No puedo amarte.
-¡Oh, ven; ven tú!

La mujer irreal, la mujer distante, inaccesible, la mujer fría como el mármol. El romántico ama el amor por el amor mismo. A veces parece que la amada es solo una excusa. El amor está tan ligado al dolor que se diría que no tiene sentido sin él, que son la cara y la cruz de la misma moneda. La amada que corresponde no es motivo de inspiración. Debe ser causa de sufrimiento. El amor romántico conduce a la muerte y la hace desear, descubriendo en ella un principio de vida, y la posibilidad de convertir la muerte en vida: la muerte de amor es vida, y la vida sin amor es muerte.

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa:
antes que el sentimiento de su alma
brotara el agua de la estéril roca.
Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada...; pero...
¡es tan hermosa!

En el amor romántico hay una búsqueda de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el amor se deposita la esperanza en renacer, el sufrimiento purifica. En el amor se encarna toda la rebeldía romántica: "Todas las pasiones terminan en tragedia, todo lo que es limitado termina muriendo, toda poesía tiene algo de trágico" (Novalis). En la muerte, el alma romántica encuentra la liberación. La melancolía es una constante.

Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
le quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor. (...)

En su propia vida, Bécquer fue rechazado por la mujer que más amó: Julia Espín, que había nacido el 18 de noviembre de 1838 y era dos años más joven que él. Poseía una magnífica voz de soprano con la que, años más tarde, obtuvo éxito en no pocos teatros de Europa; amiga y protegida en cierto modo de Tamberlik y musa inspiradora del compositor Bazzini para su ópera 'Durandor'; mujer muy bien acogida en la alta sociedad madrileña y con una única y desbordante pasión: la música y el canto. Al fin, el poeta hizo un matrimonio desgraciado y terminó separándose. Como buen romántico, murió joven.

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón..., es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.


jueves, noviembre 09, 2006

Personajes femeninos en la literatura: las amadas lejanas


Soneto V (Garcilaso)

Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes; yo lo leo

tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.


En la muerte de Laura (Petrarca)


Sus ojos que canté amorosamente,
su cuerpo hermoso que adoré constante,
y que vivir me hiciera tan distante
de mí mismo, y huyendo de la gente,

Su cabellera de oro reluciente,
la risa de su angélico semblante
que hizo la tierra al cielo semejante,
¡poco polvo son ya que nada siente!

¡Y sin embargo vivo todavía!
A ciegas, sin la lumbre que amé tanto,
surca mi nave la extensión vacía...

Aquí termine mi amoroso canto:
seca la fuente está de mi alegría,
mi lira yace convertida en llanto.

Versión de Alejandro Araoz Fraser

En El Renacimiento la literatura idealizó a la mujer amada hasta el punto de que el amor perfecto presuponía casi que no existiera el contacto del amante con el objeto de su amor. Un hecho que ya venía siendo tendencia desde las novelas de caballería y al que inapropiadamente se da el nombre de “amor platónico”. Los poetas renacentistas convertían en musa a una mujer elegida cuando menos caprichosamente, puesto que con frecuencia de ella conocían tan solo el rostro. El resto lo llenaba la imaginación del poeta, para atribuir a la amada las muy tradicionales virtudes de dulzura, espiritualidad, ternura... En la realidad estas mujeres solían estar casadas, y así también los mismos poetas. Pero, claro, el amor debía ser ideal y no aspiraba en absoluto a materializarse, ni siquiera con palabras. Las amadas de Dante y Petrarca murieron jóvenes, además, y con su muerte contribuyeron a inspirar más a sus poetas, puesto que el dolor era para ellos potente estímulo creativo.

Dante conoció a Beatriz Portinari (1265-1290) cuando era una niña de nueve años y no volvió a verla hasta nueve años después.
En La Vida Nueva ( 1293) y en La Divina Comedia ( 1307) se exalta con una mayor intensidad su profundísimo amor por ella. El día 8 de junio de 1290 murió Beatriz, apenas tenía 25 años. Dante, que había estado enamorado de ella desde que la vio por primera vez , recordó con la Vida Nueva las vicisitudes de un amor que -como el de Petrarca hacia Laura- no pudo extinguirse y que duró hasta después de la muerte. Dante, enfermo, tiene una visión que le presenta a su dama muerta, camino del cielo, entre coros de ángeles, mientras que la tierra queda cubierta por la tristeza y las tinieblas. No tarda en hacerse realidad la visión, y Beatriz muere.Ésta fue la primera obra literaria de Dante que, desesperado, decide escribir una obra literaria dedicada a Beatriz, como último monumento a su amor.
Si queréis saber más, aquí tenéis una página dedicada a esta curiosa pasión.

Laura de Noves (1308-1348) fue la musa de Petrarca, el aliento de su poesía, la inspiración de su vida. Conoció Petrarca a Laura en Aviñón, donde vivían ambos, un viernes santo. Fue verla y enamorarse. El nombre tuvo también su parte en el enamoramiento.Petrarca soñaba con la gloria, amaba los laureles. El Senado de Roma y la universidad de París le coronaron con el laurel de los poetas. Pero su auténtica corona de laurel, su inspiración, su pasión única e inextinguible era Laura. Fue el de Petrarca un amor romántico, apasionado, inspirado. Era Laura una mujer casada, y Petrarca un hombre de recta conciencia, por lo que siempre le atormentaron los escrúpulos sobre su relación con su amada, que no fue tan solo espiritual y poética. Pero sus versos nunca fueron profanados por nada que no fuerse la llama misteriosa de su pasión, la gentileza, el éxtasis intelectual, el deseo sofocado apenas nacido. Fue el carácter de amor imposible lo que hizo que se transformase su amor por Laura en amor poético, amor cortés. Gustaba hablar de la esclavitud a que le tenía sometido Laura. Murió Laura víctima de la peste que asoló Aviñón, y fue enterrada en la iglesia de los frailes menores de esta ciudad.

Nuestro poeta cortés por excelencia, Garcilaso,también tuvo a su amada ideal y lejana. Aunque en 1525 se casa con Elena de Zúñiga, en 1526 conoce a la que fue musa de gran parte de su obra: Isabel Freire, pero esta se casa con otro, lo que causó honda pena a Garcilaso. Murió también prematuramente en 1533 o 1534 («¡Oh tela delicada, / antes de tiempo dada / a los agudos filos de la muerte!»).

¿Románticos o masoquistas? Y ellas... ¿afortunadas o no, por esa devoción que en cierto modo, y en caso de conocerla, iluminaría sus vidas, limitadas quizá por un matrimonio de conveniencia, quizá sin amor? Y digo "quizá", porque, como veremos en la próxima entrega, las mujeres de cierta posición no carecían precisamente de vida erótica...