En un libro de literatura de 1º encontré un texto en el que se describía una calle tranquila, sin "mujeres chillonas" y "grupos de parados". Normal, los estereotipos están por todas partes, y bien cierto es que hay mujeres chillonas, igual que hombres chillones, aunque no "grupos de paradas", porque ellas normalmente están en su casa haciendo las faenas. Tengo un vecino que es amo de casa, al que algunas del bloque llaman despectivamente "el marujo"... Mi marido no es realmente "amo de casa", aunque, como está prejubilado, pasa en casa más tiempo que yo y, si su salud se lo permitiera, haría la mayor parte de las faenas domésticas. Una mañana, hace unos días, llamaron a casa, y una voz femenina preguntó por "el ama de casa". Contestó mi marido: "El amo de casa soy yo". Y ella: "pero yo querría hablar con su esposa". "Mi esposa está trabajando". Ella se despidió, pero volvió a llamar al mediodía. Yo aún no había llegado. Juan Carlos insistió, ante la misma pregunta, en que el "amo de casa" era él y que podría hablar con él por el asunto que fuera. Se trataba de una venta telefónica de detergentes:-¿Sabe usted que detergente usa normalmente su esposa?
-El detergente lo uso yo, ya le he dicho que soy el amo de casa.
-Es que los beneficios que obtenemos los destinamos a una asociación...
-Bien, lo tendré en cuenta, pero ahora mismo no nos hace falta.
-Lo comprendo, pero... ¿no podría hablar con su esposa de todas formas?
-Como usted quiera, si llama por la tarde la encontrará en casa.
Y, efectivamente, volvió a llamar por la tarde. Cogí el teléfono yo y escuché su voz esperanzada:
-Buenas tardes. ¿Hablo con el ama de casa?
-Un momento, que le voy a pasar con mi marido...
Y colgó.
-El detergente lo uso yo, ya le he dicho que soy el amo de casa.
-Es que los beneficios que obtenemos los destinamos a una asociación...
-Bien, lo tendré en cuenta, pero ahora mismo no nos hace falta.
-Lo comprendo, pero... ¿no podría hablar con su esposa de todas formas?
-Como usted quiera, si llama por la tarde la encontrará en casa.
Y, efectivamente, volvió a llamar por la tarde. Cogí el teléfono yo y escuché su voz esperanzada:
-Buenas tardes. ¿Hablo con el ama de casa?
-Un momento, que le voy a pasar con mi marido...
Y colgó.




