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domingo, febrero 24, 2008

Me siento mal, os lo juro, como mujer me siento fatal

Yo tengo tele. La veo siempre un ratito. Me encanta particularmente la publicidad, porque creo que es retrato fiel de nosotros y nosotras mismas. A veces me gusta. Hay anuncios que son pequeñas obras de arte. Otras no. Pero siempre me inspira curiosidad. Por eso observo (para lo que no hay que ser un lince) que el contenido de los bloques de anuncios varía mucho según el horario en que se emite.
Particularmente patético es el contenido de la sobremesa. De cada diez spots, nueve tienen como protagonistas a una mujer. Decrépita, para más señas. Trátase de una mujer que usa dentadura postiza y precisa fijación de la misma; de otra, o la misma mujer, que tiene pérdidas de orina y que puede recuperar una vida medio normal gracias a una determinada marca de compresas; de la señora en cuestión que además padece hemorroides, sumadas de forma no sabemos si obligatoria u opcional a un picor insoportable de la zona genital que le quita las ganas "de todo" (enunciado que expresa dando vueltas al anillo matrimonial): la pobre sufre también de misteriosas irregularidades que se solucionan con Activia
y tiene q soportar que en el anuncio salgan jovencitas acariciando vientre planísimo... pero claro, ¿por qué no? acto seguido llega la Corporación Dermoestética que te pone los pechos en su supuesto sitio aunque plásticos y te hace la cerebro-succión, digo la liposucción...
Descansamos... que llega la Concha García Campoy con su colchón de latex que te vende por ná y menos, supongo que para solucionar tu artrosis, que es lo único que te falta por tener...
ah! ¿no? no! porque se podría pensar que con todas las carencias descritas anteriormente por lo menos eres una competente persona ama de casa...
pero no
tampoco
porque para remate llega el Cillit Bang
el típico superhombre que aparece para salvar a la débil hembra de su incapacidad funcional incluso para mantener limpia su casa, mínimo que se le supone.
Y, de todo el bloque publicitario, de toda esta tarta, qué se ofrece a los hombres?
Un Danacol... uno al día
ellos solo padecen de colesterol....
¿de veras?

sábado, febrero 02, 2008

Colores los que me salen a mí

Imaginábame yo que era, un poner, una ejecutiva o azafata de congresos con un mínimo de media neurona que llega a Sevilla y tiene que pasar varios días trabajando en el sitio que ven ustedes en la foto, que no es otro que nuestro Palacio de Congresos, sitio que con su sola presencia ha hecho crecer y dotarse de infraestructuras hosteleras, administrativas y viarias de primer orden al barrio en que se enclava. Y no era mucho esfuerzo de imaginación, porque hace apenas un año me vi en esas lides en Granada. Así que solo era cuestión de cambiar la ubicación del sueño.
Pero no. No podía sentirme élite ni siquiera imaginando que era un ejecutivo o azafato o congresista con mínimo de media neurona.
Todo por un carrillo cutre (el que en la fotografía se muestra y que lleva decorando el exterior del antedicho Palacio largos meses) en el que se publicitan dos prostíbulos. Cierto que es loable el acuerdo y la buena voluntad entre ambos a la hora de compartir espacio, ya que se suponen enemigos potenciales, pero ahí se acaba el mérito. Y se acaba el mérito no de ellos, puesto que cada uno vende lo que tiene y lo anuncia lo que puede.
Aquí se acabe el mérito de nuestros próceres del Ayuntamiento, que no se percatan de lo que el carrillo anunciador de furcias puede ofender al visitante o a la visitante.
Si es a la visitante, está claro el porqué. O los dos posibles porqués. El primero, el mal gusto que se supone a sus compañeros varones de trabajo, el que se dé por sentado que en cuanto un hombre sale de su casa está contratando sexo. El segundo, la carencia que se le atribuye a ella de esas mismas necesidades, porque en el carrillo no figura publicidad alguna de prostíbulo para señoras.
Si es al visitante, igual de mal me lo pones. Llegas con tu maletín, todo puesto y encorbatado, y lo primero que se te recuerda son tus bajos instintos. Vamos, que te están llamando putañero por la cara.
No sé, pero yo creo que no resulta mínimamente estético que la ciudad de la cultura ofrezca a sus visitantes congresistas: primero, prostitutas, y después.... pues no sé, porque no he visto carrillos o vallas que anuncien conciertos, teatros... o que describan los lugares que visitar en nuestra ciudad, que hay muchos, y, para relacionarse y divertirse, no te cuento.
La verdad es que en el Palacio de Congresos de Granada no te reciben anunciando putas.
Tendrán menos.
O más clase.