jueves, abril 03, 2008

Historias de mujeres

UNA por UNA

El tiempo pasa y las noticias sobre mujeres asesinadas siguen ocupando los días de manera machacona, como si a nadie le importara, salvo a los familiares más directos. Desde nuestra última entrada, el 14 de marzo, han muerto asesinadas cinco mujeres más.

Rescatamos a la mujer de 42 años de Jijona, Alicante. Como no conocemos su nombre traemos el trabajo realizado por el grupo de teatro La Lorquiana, dirigido por una mujer excepcional: Carmen Calderón, antigua directora del IES Martínez Montañés de Sevilla.

El pasado 27 de marzo, día internacional del teatro, asistimos, en el salón de actos del IES Martínez Montañés, a la representación Historias de mujeres, a cargo de un entusiasta grupo de antigu@s alumn@s del centro que han sido contagiad@s por la energía arrolladora de Carmen Calderón y por su pasión por el teatro.

Historias de mujeres es una selección de textos de diversos autores que abordan de distintas maneras, unas divertidas, otras dramáticas, otras absurdas, situaciones de la vida de las mujeres.

Los textos “Oferta especial” (mundo al revés donde “se ofrecen” hombres) y “El colectivo” (sobre la diversidad humana) del autor Harold Pinter se alternaron con los divertidos “Sin fuerzas” (de Leandro Herrero) y “Dorita Malladle, cocinera” (de Alberto Miralles) que provocaron la carcajada constante, además del maravilloso texto del teatro del absurdo “La lección”, de Ionesco. La nota dramática la puso “El último acto de amor” (de Carlos Troquero), sobre la eutanasia, interpretación que sumió a los espectadores en un silencio sobrecogedor. La representación terminó con “Ramón”, de Sergi Belbel, situación muy bien planteada en la que un hombre “dialoga” con cuatro caras de su pareja, cuatro actrices, sobre el problema de la comunicación.

Gracias a Nieves Dastis, Alejandra Guillermo, Monserrat Soriano, Mª José Cosano, Pilar Ruiz, Jesús Rodríguez, Juan José Sola y Carmen Calderón, disfrutamos de una tarde donde el teatro nos hizo sentir, otra vez, como esos seres de las cavernas que recordaba Robert Lepage en el manifiesto leído antes de la representación:

“Una noche, en tiempo inmemorial, un grupo de hombres se habían reunido en una caverna para calentarse en torno a un fuego y contarse historias.
Cuando, repentinamente, uno ellos tuvo la idea de levantarse y de utilizar su sombra para ilustrar su relato. Al ayudarse con la luz de las llamas, hizo patentes sobre las paredes de la cueva a unos personajes de tamaño mayor que los naturales. Los otros, deslumbrados, reconocieron en las sombras al poderoso y al débil, al opresor y al oprimido, al dios y al mortal.”