miércoles, noviembre 22, 2006

Personajes femeninos en la literatura: La heroína romántica II

Las mujeres en las rimas de Bécquer

-Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
-No es a ti; no.
-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
-No; no es a ti.
-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
No puedo amarte.
-¡Oh, ven; ven tú!

La mujer irreal, la mujer distante, inaccesible, la mujer fría como el mármol. El romántico ama el amor por el amor mismo. A veces parece que la amada es solo una excusa. El amor está tan ligado al dolor que se diría que no tiene sentido sin él, que son la cara y la cruz de la misma moneda. La amada que corresponde no es motivo de inspiración. Debe ser causa de sufrimiento. El amor romántico conduce a la muerte y la hace desear, descubriendo en ella un principio de vida, y la posibilidad de convertir la muerte en vida: la muerte de amor es vida, y la vida sin amor es muerte.

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa:
antes que el sentimiento de su alma
brotara el agua de la estéril roca.
Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada...; pero...
¡es tan hermosa!

En el amor romántico hay una búsqueda de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el amor se deposita la esperanza en renacer, el sufrimiento purifica. En el amor se encarna toda la rebeldía romántica: "Todas las pasiones terminan en tragedia, todo lo que es limitado termina muriendo, toda poesía tiene algo de trágico" (Novalis). En la muerte, el alma romántica encuentra la liberación. La melancolía es una constante.

Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
le quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor. (...)

En su propia vida, Bécquer fue rechazado por la mujer que más amó: Julia Espín, que había nacido el 18 de noviembre de 1838 y era dos años más joven que él. Poseía una magnífica voz de soprano con la que, años más tarde, obtuvo éxito en no pocos teatros de Europa; amiga y protegida en cierto modo de Tamberlik y musa inspiradora del compositor Bazzini para su ópera 'Durandor'; mujer muy bien acogida en la alta sociedad madrileña y con una única y desbordante pasión: la música y el canto. Al fin, el poeta hizo un matrimonio desgraciado y terminó separándose. Como buen romántico, murió joven.

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón..., es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.