viernes, octubre 13, 2006

Contra la lapidación


Siete mujeres iraníes pueden morir lapidadas. Amnistía Internacional ha lanzado una campaña. Está comprobado que la presión internacional puede ser efectiva. Hay que actuar rápido. Para luchar contra esta barbarie, por favor, firmad aqui

Mujeres y pobreza

Hoy, más que nunca, se advierte que la pobreza tiene rostro femenino. El 70% de los pobres de la Tierra son mujeres, y gran parte de ellas están condenadas a trabajos mal remunerados, como la economía doméstica, la agricultura de subsistencia, o se ven abocadas a la inmigración o la prostitución por la simple supervivencia, de ellas o de ellas y sus hijos. Cada vez son más los hogares monoparentales encabezados por mujeres, cifra que en algunos países del tercer mundo llega al 50%, y el número sigue creciendo, por factores como divorcios, viudez, abandono, guerras, los nacimientos fuera del matrimonio y, sobre todo, la idea de que los niños son responsabilidad de la mujer. Considerando esto último, habría que contar también los hogares donde la mayor parte del trabajo lo realizan las esposas, sobre todo en el campo. En total, las mujeres poseen el 10% de los recursos mundiales, aunque realizan las dos terceras partes de las horas de trabajo.
Dos tercios de los analfabetos del planeta son mujeres y niñas, medio millón de mujeres mueren cada año durante el embarazo o el parto, hay más mujeres que hombres infectadas de SIDA. Y esta miseria y esta falta de instrucción se trasmite a las hijas que muchas veces tienen que abandonar la escuela y a ocuparse de sus hermanos y hermanas mientras sus madres trabajan.
Y seguimos con las cifras: más del 80% de los agricultores en África son mujeres; más del 40 por ciento de las mujeres de África carece de acceso a la enseñanza básica. Si la mujer recibe un mínimo de educación, simplemente el equivalente a una enseñanza primaria, aumenta en un 50% las posibilidades de recibir adecuados cuidados perinatales, de vacunar a sus hijos, reduce a la mitad la posibilidad de contraer enfermedades como el sida. Una niña que puede ir a la escuela tendrá muchas más posibilidades de salir de la pobreza: tendrá menos hijos, y más tarde, mejorará su alimentación y su salud. Además, al conocer mejor sus derechos participará en la toma de decisiones de su comunidad. Un ejemplo de mejora de las condiciones de vida de estas mujeres, y no solo en su papel de amas de casa y madres, son los proyectos de microempresarias en comunidades empobrecidas. Organizaciones de todo el mundo, ayudan con pequeños créditos a que las mujeres puedan comenzar una actividad profesional. Casi el 80% de los microcréditos concedidos han tenido como beneficiarias a mujeres y 42 millones de familias en todo el mundo han salido de la pobreza extrema. Estos microcréditos se conceden mayoritariamente, cuando no exclusivamente, a mujeres, y estas los devuelven en prácticamente todos los casos, al tiempo que las pequeñas empresas que montan funcionan perfectamente.
Es por lo que la educación, la sanidad y los microcréditos son la mejor ayuda que los países desarrollados podemos prestar a los países pobres.

jueves, octubre 12, 2006

Violencia contra las mujeres

Aún suenan en nuestros oídos las contundentes palabras de Juan Ignacio Paz, psicólogo del Instituto Andaluz de la Mujer, del martes día 10 de octubre. Durante dos horas nos habló de la violencia contra las mujeres desde su larga experiencia con la durísima realidad de cientos de víctimas de malos tratos a manos de sus parejas.

Su análisis del problema nos colocó en los primeros síntomas, en las señales de alarma que tenemos que aprender a detectar ya en la adolescencia y en las primeras relaciones de pareja.

La sesión impactó a más de una y a más de uno porque nos hacía recordar situaciones cercanas que diariamente nos rodean e incluso, en algunos casos, padecemos.

El objetivo no era otro que sensibilizar al profesorado sobre un tema que afecta a una gran parte de las alumnas y alumnos del centro. Desde aquí le agradecemos una vez más su trabajo, su energía y el material que generosamente nos ha ofrecido para facilitar nuestra tarea.

Esperamos que el esfuerzo de venir al centro otro martes más por la tarde haya merecido la pena.

domingo, octubre 08, 2006

El parto en nuestra sociedad


Muchas veces hemos oído las mujeres que hemos tenido hijos, ante cualquier mínima queja o, sin necesidad de queja, simplemente por acudir a un hospital en el momento del parto o disfrutar una baja maternal, la odiosa expresión “pues en África las mujeres dan a luz y a los cinco minutos ya están trabajando en el campo”. Y desgraciadamente es verdad en muchos casos. Y sus maridos, en ciertas zonas, son los que guardan cama y reciben las visitas, regalos y felicitaciones de los vecinos (eso es lo que se llama “couvade”, costumbre cuyo comentario merecería un artículo por sí solo). Como bien ha escrito Julio, la mortalidad, tanto de niños como de mujeres, es tremenda. Pero en esos lugares la vida de las mujeres vale bien poco.
Por el contrario, en nuestra sociedad occidental el embarazo y el parto se han medicalizado demasiado. Se llega a tratar como enfermedades lo que son simples procesos naturales. La medicina ha salvado muchas mujeres de morir a causa del parto, pero se ha excedido ampliamente el límite en que debe haber una intervención médica. Un parto no precisa anestesia: el dolor que causan las contracciones es necesario y absolutamente llevadero. Una mujer debe saber en todo momento cómo actuar para facilitar el nacimiento de su hijo: no podrá hacerlo si está inconsciente (anestesia general) o no controla los músculos adecuados (epidural). El parto es un trabajo y hay que hacerlo bien, ha de durar lo menos posible para que en ningún momento el niño deje de recibir el oxígeno necesario, lo que dañaría su cerebro. La postura más inadecuada es aquella en la que te colocan en el hospital, tendida boca arriba, para comodidad del ginecólogo o ginecóloga. Tampoco es imprescindible un médico: una buena matrona es suficiente.
Es bueno también que madre e hijo estén juntos desde el mismo momento del nacimiento.
No se trata de negar la intervención médica, sino de darle el lugar que debe tener en un proceso natural: las situaciones de riesgo. Las mujeres debemos recuperar una tarea que, esta sí, es exclusivamente nuestra: el embarazo y el parto natural. En este sentido, sí que hay una labor que agradecer a nuestras administraciones: los cursos de preparación al parto, al alcance de todas, normalmente impartidos por experimentadas matronas. Parir es un trabajo que las mujeres occidentales hemos “desaprendido” y que debemos volver a aprender.
Si queréis leer más sobre el tema del parto natural, os recomiendo un artículo muy completo de Isabel F. del Castillo.

martes, octubre 03, 2006

¡Muere ... mujer!

Alrededor de 500.000 mujeres mueren cada año como consecuencia del parto. A pesar de los esfuerzos realizados por la comunidad internacional, el quinto Objetivo del Milenio, reducir la mortalidad materna en un 75% para 2015, es el que menos ha progresado hasta el momento. Los países en vías de desarrollo son los que más sufren esta desgracia, en especial los del Sudeste Asiático, Latinoamérica y el África subsahariana.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/2006/09/maternal_survival/index.html

Ganaras el pan con el sudor de tu frente, sentenció Yahvé a un Adan que había osado tomar el fruto prohibido del arbol de la ciencia. Y tú, pariras a tus hijos con dolor, siendo esta la condena de la que Eva, instigadora del hecho, no podrá ya nunca desprenderse. Pero recuperando las tesis de los antiguos gnósticos, grupo protocristiano que en sus variantes más "salvajes" llego a defender que este mundo, aciago, amargo, mezquino, sucio, ... malo, no podía haber sido diseñado por un Dios todobondadoso sino por un demonio entretenido con el sufrimiento ajeno, el titular de este escrito parece venirle al pelo. No se alcanza la muerte por una temeridad, ni por una guerra, ni por hambre o miseria, sino simplemente... por ser mujer. Medio millón de mujeres son muchas mujeres y en este entorno en el que se nos recuerda continuamente la igualdad de género, la coeducación parece haberse olvidado que hay algún genio maligno para el que la condena divina de parir con dolor es "toda una bendición". El demonio gnóstico que da forma a este extraño y deslabazado mundo ha castigado con la muerte a aquellas que sólo han nacido para parir y amamantar criaturas... quizá sólo nos quede a los demás "mortales" pensar que el primer objetivo del milenio debería ser cumplir algíun objetivo del milenio. Mientras tanto, yo me voy a la cama que mañana debo ganar el pan mientras alguna mujer muere por parir.

domingo, octubre 01, 2006

Graduación en la universidad de Najaf - IRAQ

Una imagen vale más que mil palabras

Fuente: Mujeres en red

75 aniversario del voto de la mujer en España

El 1 de octubre de 1931, las Cortes de la II República aprobaron el derecho al voto para todas las españolas, por primera vez en la Historia de España. Era el 441 Estado en hacerlo.

Fue la diputada Clara Campoamor quien luchó, contra viento y marea, por conseguir ese avance en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres; ese 31 de octubre, hace 75 años, Campoamor pronunciaba en las Cortes un discurso brillante que destruía los argumentos de quienes pretendían negar a las mujeres su derecho al voto:
  • Los que no querían dar nunca ese derecho a las mujeres: "porque las mujeres son histéricas por naturaleza" (Novoa Santos).
  • Los que pretendían retrasar el voto de la mujer hasta momentos más propicios: "hasta que las mujeres dejaran de ser retrógradas" (Álvarez Buyita, Rico); "hasta que transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y la educación" (Victoria Kent).
El debate fue duro, pero la diputada Clara Campoamor defendió su postura, afirmando que sería un error político y un error histórico dejar a la mujer al margen de ese derecho, dejarla al margen de la República.

Así, tras una reñida votación (161 votos frente a 121) la Constitución recogió en su artículo 36 el siguiente texto:

"Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales según determinen las leyes."

Desgracidamente, el voto de la mujer, ese derecho fundamental pronto se vió truncado por 40 años de dictadura.

Animación por Lourdes Barroso

Puedes conocer más datos y realizar un pequeño ejercicio on-line sobre Clara Campoamor en la página del Tinglado.

Curiosamente, la calle lateral a nuestro instituto (parada del 13) se llama Victoria Kent, probablemente alguna otra calle del barrio lleve el nombre de Clara Campoamor. Si alguien lo sabe por favor que nos indique su situación en los comentarios.

domingo, septiembre 24, 2006

Decálogos y Manifiestos


La cultura forma gran parte de la urdimbre de nuestro pensamiento insconsciente por lo que siempre es necesario sacar a la luz su raíz si queremos tomar consciencia de lo que ocurre.
Todas y todos somos víctimas de lo que parece que no tiene discusión, de lo que parece que siempre ha sido así, de lo que una y otra vez nos separa. Por ello no debemos extrañarnos que el sexismo de cualquier signo siga presente entre tod@s nosotr@s y sea conveniente ver el mundo desde muchos puntos de vista.
En este sentido, os ofrezco para el debate el siguiente manifiesto

jueves, septiembre 21, 2006

Yo quiero ser una chica de moda...


Yo quiero ser una chica de moda

llevar lo último y que te fijes en mí

estrenar trenchs faldas y botas

vestir la moda es lo que me hace vivir

No parar de viajar de París a New York

de un "look" a otro "look"

De Brindisi a Livorn

Bailando entre sedas, satenes y organdís

Yo quiero ser una chica de moda..............

Cortesía de "El Corte Inglés"

lunes, septiembre 18, 2006

Sobre Ted Hugues, marido de Sylvia Plath

Un artículo aparecido este domingo en la sección de cultura de EL PAÍS ha renovado en mí la presencia de un viejo fantasma: el dolor por la temprana muerte de Sylvia Plath, el rechazo, lógicamente subjetivo por la falta de conocimiento personal, por la distancia temporal, del que fue su marido.
La historia, que no conté en su día cuando en este mismo blog reproduje el poema “El espejo”, de Plath, es breve, intensa y sobrecogedora: Una mujer bella, culta, sensible y extraordinaria escritora, con cierto éxito ya a una temprana edad; una mujer de tendencias depresivas, quizás debidas a su extraordinaria sensibilidad, encuentra su primer y último amor en Ted Hugues, también poeta conocido. Contraen matrimonio, tienen dos hijos, y durante unos años no parecen tener más problemas que los económicos, aun así no demasiado acuciantes. Sylvia se las arregla para no dejar de escribir a pesar de sus labores de esposa y madre, levantándose cada día de madrugada para disponer de un tiempo a solas para su poesía. El relato de estos años se puede seguir en “Cartas a mi madre”, casi un diario personal (hubo diarios reales, pero el marido los destruyó tras su muerte). Esta mujer, que ama profundamente a su marido, se
ve de pronto abandonada por él. La deja por otra mujer, Assia Wevill, y al cabo de poco tiempo, no pudiendo superar su abandono y su soledad, se suicidó. En principio la causa
parece ser solo el abandono del esposo, pero en la lectura de sus cartas se intuye que él debe ser, como mínimo, un hombre profundamente egoísta.
El libro de que da noticia este artículo va más allá. Simplemente en su título, La trágica tiranía del poeta laureado, se le supone una dimensión personal maligna. Y que se reafirma y confirma con el suicidio de su segunda mujer, a la que atormentó con el recuerdo de la primera y con una cruel tiranía doméstica. Assia era una mujer de gran personalidad, al fin devorada también por Hugues.
Reproduzco a continuación algunos párrafos del interesante artículo:
“Los vértices de un triángulo maldito se unieron en 1961, año en que se conocieron las dos parejas, la compuesta por Ted Hughes y Sylvia Plath y la que formaban David Wevill, también poeta, y su mujer Assia. De una belleza "salvaje", Assia era una mujer independiente y con fama de salirse siempre con la suya. Licenciada en Literatura por la Universidad de Vancouver, escribía poemas y trabajaba en una agencia de publicidad. En una travesía desde Canadá, en 1960, conoció a David Wevill y rehízo con él su vida en Londres. Hasta tropezar con Hughes”.
“Wevill se sintió atormentada con el suicidio en Londres de Sylvia Plath. Creía que los íntimos de la poetisa le culpaban de destrozar su matrimonio con Hughes. "La hostilidad y el afilado desprecio de los amigos de Ted son a veces insoportables", confesó a su hermana. La sombra de Plath se entrometió en la relación. La poetisa había dejado sin concluir una colección de poemas, el aclamado volumen Ariel, que reordenó su viudo. Hughes, en cambio, destruyó el diario personal para evitar que lo leyeran sus dos hijos, Frieda y Nicholas”.
“El poeta propuso un código de conducta, englobado en un "borrador de constitución", que parece un manual de tiranía doméstica”.
Tampoco fue fiel a Assia,, que conoció sus escapadas extramatrimoniales.
“Hughes y Wevill riñeron la mañana del 25 de marzo de 1969. Al anochecer, Assia llevó una cama a la cocina. Acostó en ella a Shura, de cuatro años. Preparó un combinado de alcohol y pastillas de dormir. Encendió el gas del horno. Y se tumbó en el colchón junto a la pequeña. La au pair descubrió horas después sus cadáveres. En una mesa encontró dos cartas dirigidas al padre y al amante de la suicida”.
“Seis años antes, Sylvia Plath se había suicidado en circunstancias similares. Pero no se llevó a sus hijos, que dormían en la misma casa. Les dejó leche y galletas por si tenían hambre al despertar”.
"La muerte de mi primera mujer fue complicada e inevitable. Llevaba en esa pista la mayoría de su vida. Pero la de Assia pudo evitarse. Su muerte estaba totalmente bajo su control, y fue el resultado de su reacción a la acción de Sylvia", señaló Hughes a los coautores. A Assia y Shura Wevill les dedicó su libro Cuervo, de 1971, además de otra docena de poemas. Aquejado de cáncer, fue desnudando el tormento interior acumulado desde el suicido de Plath en Cartas de cumpleaños, su impactante colección de versos publicada en 1998”.
Assia era una mujer brillante, de mundo, a la que Hugues quiso convertir en una esposa convencional. Muchas veces he observado que hombres que se dejan impresionar y admiran a mujeres que triunfan socialmente y que son intelectualmente exitosas las anulan en ambos sentidos una vez que consiguen hacerlas suyas. Sea por celos, sea por rivalidad de pareja, la relegan a las labores domésticas y el cuidado de los hijos. No suelen detenerse ahí, puesto que si por amor estas mujeres se adaptan al papel que el marido impone, las siguen humillando con continuos desprecios, quizás por un complejo de inferioridad que no pueden superar con la dominación sobre la esposa.
Sylvia era en verdad una artista y siguió siéndolo, pero no era una mujer fuerte. Cuando se suicidó selló la entrada de la alcoba de sus pequeños hijos, para que no les alcanzara el gas, y además dejó el desayuno sobre su mesita de noche. No hubo afán de venganza en su suicidio. Assia se llevó con ella a su hija Shura. Quizás fue todavía más desgraciada que Sylvia. Sin duda se vio más humillada.
Por si os interesa, os remito a un poema que yo escribí y publiqué en la bitácora del Azahar, El marido, referido a él (escrito en primera persona, porque él es el que habla).