domingo, octubre 08, 2006

El parto en nuestra sociedad


Muchas veces hemos oído las mujeres que hemos tenido hijos, ante cualquier mínima queja o, sin necesidad de queja, simplemente por acudir a un hospital en el momento del parto o disfrutar una baja maternal, la odiosa expresión “pues en África las mujeres dan a luz y a los cinco minutos ya están trabajando en el campo”. Y desgraciadamente es verdad en muchos casos. Y sus maridos, en ciertas zonas, son los que guardan cama y reciben las visitas, regalos y felicitaciones de los vecinos (eso es lo que se llama “couvade”, costumbre cuyo comentario merecería un artículo por sí solo). Como bien ha escrito Julio, la mortalidad, tanto de niños como de mujeres, es tremenda. Pero en esos lugares la vida de las mujeres vale bien poco.
Por el contrario, en nuestra sociedad occidental el embarazo y el parto se han medicalizado demasiado. Se llega a tratar como enfermedades lo que son simples procesos naturales. La medicina ha salvado muchas mujeres de morir a causa del parto, pero se ha excedido ampliamente el límite en que debe haber una intervención médica. Un parto no precisa anestesia: el dolor que causan las contracciones es necesario y absolutamente llevadero. Una mujer debe saber en todo momento cómo actuar para facilitar el nacimiento de su hijo: no podrá hacerlo si está inconsciente (anestesia general) o no controla los músculos adecuados (epidural). El parto es un trabajo y hay que hacerlo bien, ha de durar lo menos posible para que en ningún momento el niño deje de recibir el oxígeno necesario, lo que dañaría su cerebro. La postura más inadecuada es aquella en la que te colocan en el hospital, tendida boca arriba, para comodidad del ginecólogo o ginecóloga. Tampoco es imprescindible un médico: una buena matrona es suficiente.
Es bueno también que madre e hijo estén juntos desde el mismo momento del nacimiento.
No se trata de negar la intervención médica, sino de darle el lugar que debe tener en un proceso natural: las situaciones de riesgo. Las mujeres debemos recuperar una tarea que, esta sí, es exclusivamente nuestra: el embarazo y el parto natural. En este sentido, sí que hay una labor que agradecer a nuestras administraciones: los cursos de preparación al parto, al alcance de todas, normalmente impartidos por experimentadas matronas. Parir es un trabajo que las mujeres occidentales hemos “desaprendido” y que debemos volver a aprender.
Si queréis leer más sobre el tema del parto natural, os recomiendo un artículo muy completo de Isabel F. del Castillo.

3 comentarios:

Juana G. Linares dijo...

Siento disentir, Mely, sobre este tema. Desde mi propia experiencia no creo que el "dolor es necesario y absolutamente llevadero" como tú dices. Habrá casos y casos. Yo tuve un embarazo maravilloso, una preparación al parto bastante amplia, pero un parto horrible que recuerdo como auténtica pesadilla; tanto es así que solo tengo una hija por la malísima experiencia que tuvimos los dos, el padre y yo.
Estoy convencida de que si fueran los hombres los que tuvieran que parir hoy se haría sin ningún dolor.

Rosa Baena dijo...

Yo también disiento, Meli. Sufrí un parto de doce horas esperando "con dolor" que se encajara el niño y todo acabó en una carrera hacia el quirófano para prácticar una cesárea de urgencia. Fue un sufrimiento inútil.
De todas formas fui una mujer privilegiada al estar en un hospital enchufada a una máquina que vigilaba cualquier riesgo de sufrimiento fetal. ¿Hubiéramos sobrevivido mi hijo y yo a un parto "natural"?

Anónimo dijo...

nosotras tampoco estamos de acuerdo ya que no vemos lógico pasar dolor habiendo medios para evitarlo,y además en casos como la cesárea, que se hace porque no se puede tener por parto natural, hace falta la presencia de un médico,por desgracia en algunos paises al no haber estos medios ,como la medicina,mueren la gran mayoría o pasa muchísimo dolor en su parto.
Rocio y Faty 1bch b