viernes, enero 12, 2007

Personajes femeninos en la literatura: Las heroínas de la novela galante

En la entrada anterior, en la que hablábamos de las adúlteras, decíamos que en la literatura y en la vida real no todas fueron desgraciadas. Es más, en la literatura galante, y sobre todo en la francesa del siglo XVIII, son más numerosos los casos de libertinas -mejor llamarlas así en este caso- felices e incluso admiradas.
¿Qué las diferencia de las anteriores? ¿Qué había que hacer para no ser lapidadas con las piedras de la maledicencia, la deshonra, la marginación de la sociedad? Muy sencillo: primero, había que ser noble y rica. Pero no es suficiente. Anna Karenina lo era. Segundo, no enamorarse profundamente, poder estar en situación de abandonar la relación si esta amenazaba con causar problemas. Tercero: que nadie se enterara, al menos "oficialmente". Aunque todo el mundo lo supiera, jamás se debía mostrar nada en público.
Había que ser, entonces, rica en una sociedad de ricos, hipócrita en una sociedad hipócrita. Seguir las reglas del juego. Y aquí presentamos dos novelas que son perfectos ejemplos de ello:

La primera, no la mejor sino la más conocida de las dos, fue escrita por Pierre Ambroise Choderlos de Laclos, (Amiens, 18 de octubre de 1741 – Tarento, 5 de septiembre de 1803) escritor y oficial militar francés:
Las amistades peligrosas es su más famosa novela. Narra el duelo perverso y libertino de dos miembros de la nobleza francesa a finales del siglo XVIII. Es una de las obras maestras de la literatura galante del siglo XVIII, que describe las intrigas de la aristocracia.
La Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, que en otro tiempo llegaron a ser amantes, se aprovechan del mejor modo que pueden de la sociedad puritana y privilegiada en la que viven. Estos dos personajes depravados no dejan de enviarse cartas a lo largo de toda la historia que se narra en el libro en las que se cuentan sus hazañas, que constituyen la trama de la historia. Sin embargo, a pesar de ser rivales, no están en igualdad. El vizconde de Valmont, por su condición de hombre, puede hacer alarde de su condición de libertino y gozar incluso por ello de una cierta reputación. Las cartas que dirige a la marquesa de Merteuil sólo son el relato de sus aventuras.
Pero no sucede lo mismo con esta. Aunque rival del vizconde en cuanto a aventuras de alcoba, la marquesa de Merteuil, además, está obligada a disimular. Su rango social (es marquesa), matrimonial (es viuda) y su sexo (es mujer en un mundo dominado por los hombres) obliga a que se comporte con doblez. Es cierto que el vizconde también usa estas armas, pero es para seducir primero y luego hacer que se pierdan, al haber sido deshonradas, a las mujeres que conquista. Sólo sigue su inclinación natural, que lo único que transgrede es la moral de su época.

Andréa de Nerciat fue un aventurero mundano, cosmopolita, sensible, culto y, sobre todo, apasionado por la vida. Nació en la Borgoña francesa en 1739 y viajó mucho por Europa.
En una de sus novelas, Felicia, un padre, como despedida, dice estas palabras a su hija. Son lo suficientemente expresivas como para no precisar de comentario alguno:
"Al abrigo de la indigencia, con una bella figura, ingenio y talento, te veo bien dirigida hacia la carrera de la felicidad: sólo a ti se deberá mantenerte en ella. Los hombres te adorarán. Hay muchos que te parecerán dignos de ser amados, pero trata de no apasionarte con ninguno. El amor perfecto es una quimera. La amistad, que es eterna, y el deseo, que es momentáneo, son cosas reales. El amor es una y otro, reunidos en un corazón con la misma finalidad, pero no quieren estar atados. En general el deseo es inconstante y se extingue cuando no cambia de objeto. Si se intenta retenerlo, encenderlo de nuevo, la amistad no puede por menos que sufrir. El deseo es el fruto que hay que cosechar cuando madura. Si cae del árbol es imposible volver a sujetarlo a él. Defiéndete de los sentimientos maniqueos; te harán, con seguridad desgraciada. Vive perezosamente, en un círculo de placeres tranquilos que harán hacer un lujo moderado, las artes y los gustos recíprocos, que podrás satisfacer libremente. (...)
Elige bien y no te comprometas nunca hasta el punto de tener más penas que placeres. No llegues al hastío y cuídate de las ilusiones halagadoras, ya que en la galantería para no ser desgraciada o infeliz hay que dejarse engañar o engañar a los demás; no profundices jamás en lo que pudiera causarte preocupaciones y guarda atinadamente las apariencias ante los ojos de aquellos a los que la brusquedad de tus cambios pudieran causar dolor".

(Gracias a Amador por la noticia sobre esta segunda novela)


4 comentarios:

Meli dijo...

Tengo que añadir aquí que la portada de Las amistades peligrosas que he utilizado para la imagen corresponde a la adaptación teatral de C. Hampton.

Juana G. Linares dijo...

Magnífico trabajo Meli el que estás haciendo. Supongo que lo concerás, pero por si acaso te recomiendo la lectura del auto séptimo de La Celestina; es muy interesante para ver el papel de la mujer que propone Celestina. Aquí te dejo una muestra:
"CELESTINA. ¿Cómo, y déssas eres? ¿Dessa manera te tratas? Nunca tú harás casa con sobrado. Absente le as miedo; ¿qué harías si estoviesse en la cibdad? En dicha me cabe, que jamás cesso de dar consejos a bovos, y todavía ay quien yerre; pero no me maravillo, que es grande el mundo y pocos los esperimentados. ¡Ay, ay hija, si viesses el saber de tu prima y qué tanto le ha aprovechado mi criança y consejos, y qué gran maestra está! Y aunque no se halla ella mal con mis castigos, que uno en la cama y otro en la puerta, y otro que sospira por ella en su casa se precia de tener. Y con todos cumple, y a todos muestra buena cara, y todos piensan que son muy queridos. Y cada uno piensa que no ay otro y que él solo es el privado, y él solo es el que le da lo que ha menester. Y tú temes que con dos que tengas que las tablas de la cama lo han de descobrir. ¿De una sola gotera te mantienes? No te sobrarán muchos manjares. No quiero arrendar tus exgamochos. Nunca uno me agradó; nunca en uno puse toda mi affición. Más pueden dos, y más quatro, y más dan y más tienen, y más ay en qué escoger. No ay cosa más perdida, hija, que el mur que no sabe sino un horado. Si aquél le tapan no avrá donde se esconda del gato. Quien no tiene sino un ojo, mira a quánto peligro anda. Una alma sola ni canta ni llora. Un solo acto no haze hábito. Un frayle solo pocas vezes le encontrarás por la calle. Una perdiz sola por maravilla buela [mayormente en verano]. Un manjar solo contino presto pone hastío. Una golondrina no haze verano. Un testigo solo no es entera fe. Quien sola una ropa tiene presto la envegece. ¿Qué quieres, hija, deste número de uno? Más inconvenientes te diré dél, que años tengo acuestas. Ten siquiera dos, que es compañía loable [y tal qual es éste], como tienes dos orejas, dos pies y dos manos, dos sávanas en la cama, como dos camisas para remudar. Y si más quieres, mejor te yrá, que mientra más moros, más ganancia, que honrra sin provecho no es sino como anillo en el dedo. Y pues entramos no caben en un saco, acoge la ganancia. Sube, hijo Pármeno".

Anónimo dijo...

Soy lo que llaman una madre e intento aprender en el curso de informática y en la escuela de padres-madres.(una gozada).
¡Me encanta leer!, espero que me perdoneis por la expresión poco técnica con resesto al tema a tratar, pero esto hace que me sienta muy insegura hablando con profesionales como vosotras.
Me ha gustado el tema "Personajes femeninos en la literatura: las heroinas de la novela galante".
Un saludo y hasta pronto.

David dijo...

Disfruto muchísimo de la literatura y por eso me gusta conseguir nuevos libros cada vez que tengo la oportunidad, sobre todo en el verano que leo mucho mas. Hace poco compre mis pasajes en avion para ir a Brasil y por eso estoy buscando nuevos libros para tener en el viaje