domingo, mayo 20, 2007

Personajes masculinos en la literatura: los seductores


Para concluir esta serie de tipos de personajes femeninos y masculinos en la literatura, que no se pretende completa, vamos a hablar de los seductores. Don Juan y Giacomo Casanova son absolutamente intemporales. El mito de don Juan fue tratado por Tirso de Molina (EL burlador de Sevilla, en el siglo XVII) y por José Zorrilla (Don Juan Tenorio, en el XIX). En el XVIII vivió Giacomo Casanova, este sí una persona real, que ascendió a la categoría de literario por su trayectoria vital y por la redacción de sus memorias.

Cuando uno evoca el nombre de Casanova, le viene a la mente, inevitablemente asociada, la imagen del seductor por antonomasia; y es que la leyenda del personaje: conquistador lujurioso, de insaciable lubricidad y de enorme éxito en sus conquistas, ha llegado a eclipsar al hombre real, refinado, culto y, por su biografía, bastante humano. En los treinta y nueve años que duró su vida amorosa, estuvo con ciento veintidós mujeres: actrices, monjas, cortesanas, damas de la alta sociedad... Mujeres de las que Casanova se enamoraba con cierta ingenuidad, con pasión, de verdad. Mujeres que, en no pocas ocasiones, se aprovechaban de su generosidad y que siempre conservaron de él un recuerdo dulce y nostálgico, pues el terrible y disoluto seductor era un amante magnánimo y tierno.

“Reconociendo que durante toda mi vida he actuado más a impulsos de los sentimientos que obedeciendo al resultado de mis reflexiones, he creído reconocer que mi conducta ha dependido más de mi carácter que de mi razón, que habitualmente han sido opuestos, y, en sus choques constantes, nunca me pareció tener una razón a la altura de mi carácter ni un carácter a la altura de mi razón”.

Don Juan es también el seductor en esencia pura: romántico, canalla, irresistible. Capaz de cualquier locura por conseguir el favor de una mujer, pero una vez la ha conquistado pierde el interés y centra su atención en otra. Carece de cualquier freno o respeto por cualquier norma, legal o ética. El "burlador" de Sevilla es capaz de seducir a una mujer por pura diversión o por una apuesta:

Por donde quiera que fui,
la razón atropellé
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Don Juan apuesta con su amigo Don Luis que le quitará a su prometida, Doña Ana de Pantoja, y que además conquistará a una novicia. Por la noche, Don Juan seduce a Doña Ana haciéndose pasar por su prometido. Después, escala los muros del convento donde está encerrada Doña Inés y la rapta. Don Juan y Doña Inés se enamoran locamente.

Se da un cruce de coincidencias entre los dos personajes: El mito de Don Juan atrae porque a pesar de ser ficción es terriblemente real y reconocible; el de Casanova por lo contrario: a pesar de ser real alcanza las cimas de lo literario: es una vida “de novela”.
Por supuesto, la pasión en un hombre no es vista, al contrario que en la mujer, como peligrosa. Los seductores no reciben castigo. Incluso el amor los redime, como es el caso de Don Juan (aunque en la siempre católica España tenga que pasar primero por el enojoso trámite de arrepentirse). Estos personajes resultan simpáticos a pesar de su malicia (Casanova) o su evidente maldad (Don Juan), y pueden, e incluso deben, jactarse libremente de sus “hazañas” Todos los hombres querrían parecerse a ellos y, por lo visto, no existe mujer que se les resista. Su fama multiplica sus conquistas. En lugar de huir de ellos, como resultaría natural, todas “se dejan” vencer. Se reparten entre ellas la culpa que no se atribuye al seductor y, en todo caso, parece que hay un general empeño en ser “la definitiva”, la que les hace enamorarse de verdad y consigue cambiar su vida. Empeño que pertenece más a la moralina de la sociedad que a la literatura misma.
En todo caso, al hablar de “seductores”, he de decir que “canalla”, “sinvergüenza”, “lujurioso”, “depravado”, etc., son cumplidos más que reproches. Personajes más envidiados que los grandes héroes medievales o los grandes conquistadores, son poseedores de la cualidad primordial en estado puro: ¿Quién querría ser Colón o Rodrigo Díaz de Vivar? mejor ser don Juan, o mejor aún, Casanova, porque este último ni siquiera tuvo que arrepentirse.

3 comentarios:

José Aurelio dijo...

Buenas tardes, Meli.
Debido a los problemas de tiempo que nos aquejan a todos y todas,aún no he leido todas las intervenciones sobre modelos de hombres y mujeres en la literatura que habéis sacado a la luz, pero a pesar de ello sois una de mis referencias para trabajar en Cambios Sociales y Nuevas Relaciones de Género. Quiero daros las gracias por aportarnos estos estupendos materiales.
Un saludo extensivo a todas las personas que colaboráis en este estupendo blog.

el_forajido@hotmail.com dijo...

Casanova ademas fue excelente actor: se hacía pasar por hechicero, se decía mago,afirmaba ser un hombre que podía hacer llover a voluntad y prometía rayos y centellas a las damas de la alta sociedad a cambio de un beso. Escapo de una carcel, se batio en duelo, sedujo, amo infatigablemente, se dejo seducir.... en fin, que podemos decir los aburridos mortales cuyo concepto de aventura es salir una hora antes de la oficina sin permiso del jefe!!!

El Santo dijo...

Buena entrada. Saludos